lunes 25 de mayo de 2009

Burro haciéndose una paja

En el mundo animal también existe el amor propio.
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martes 28 de abril de 2009

Ana Rosa Quintana y la edad de oro de la gerontofilia

Somos muchos a los que también nos gustan las maduritas. Su experiencia, su buen hacer y el morbo de una madre nos pone cachondos. La presentadora Ana Rosa Quintana (53 años) triunfa en internet por todo esto. Yo que frecuento foros sobre famosas veo cómo hace unos años las maduras eran denostadas y cómo ahora triunfan y son queridas, un reflejo de la evolución de la sociedad respecto a las mujeres mayores y su erotismo.
Como prueba un botón; ríos de semen han corrido en toda España con estas fotos y estos vídeos, amén de cientos más que sería imposible recopilar aquí:





viernes 24 de abril de 2009

Alemana cagándose en las bragas

Lástima que el olor no se pueda trasmitir por internet:

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sábado 11 de abril de 2009

Música

Una de mis aficiones es la música, y una de mis debilidades, la música clásica, por eso quiero poner aquí, es este muro donde suelo mear y escupir, una música bellísima para que lo limpie un poco. Se trata del cuarteto Boccherini que interpreta las obras inéditas y recién descubiertas del desconocido compositor Diego de Araciel. El audio dura unos 50 minutos. En mi opinión, lo más bello está en la mitad final.

martes 24 de febrero de 2009

El calvario de mi diarrea monumental

Dicen que los malos ratos es mejor pasarlos en familia.
Hace unos días pasé lo que seguramente sea el peor rato de mi vida, pero creo que si hubiera estado mi familia delante lo hubiera pasado mucho peor de lo que lo pasé. Una diarrea, una enorme, dolorosa e incontrolable diarrea.
Aquella noche salí con unos amigos a tomar unas cervezas y a eso de la una nos marchamos del bar para pasar a las copas en un local de mi cuidad. Me tomé dos, no me dio tiempo a más. Pasada una hora de estar en el local empecé a sentir vibraciones en el vientre y a los pocos minutos ya estaba camino del baño. -Sólo es la típica cagada- pensé yo cuando me dirigía a esa balsa de orines. Me agaché sin pegar mi culo a la taza y comencé a soltar lastre. En menos de un minuto ya estaba cogiendo los pañuelos de papel del bolsillo. Sí, era diarrea, pero leve.
Salgo de nuevo a la barra, me pido la tercera y me vuelven al vientre las vibraciones, esta vez acompañadas de un malestar general y sudores. No tenía ganas expresas de cagar pero volví al váter para intentar soltar al demonio que yacía en mi interior y que presentía iba a joderme bien. Pero no salió. Ahí estaba yo, agachado sobre el asqueroso váter empujando pasa sacar lo insacable, pareciera que tuviera el vientre vacío, pero no. Había algo, algo malo, lo presentía. Los dolores abdominales eran cada vez mayores, y por fin en un momento de relajación de los músculos del vientre, una gotita brotó de mi ano. Una gotita de ácido sulfúrico me atravesó el ojete, que se unió a mi dolor abdominal, al sudor frío y al cansancio de estar sobre el váter sin poder apoyar el culo en la taza. En ese momento decidí retirarme. Me limpié con otro pañuelo de papel, me subí los pantalones, salí del cubículo apestoso y me despedí de mis amigos con un “me siento mal”. Salí del local con semblante tranquilo, y al cruzar una esquina empecé a correr por las calles desiertas en dirección a mi casa. El aire frío de la noche me sentó bien, así que pausé el paso y caminé tranquilamente hasta que pasados unos instantes el dolor volvió a mí, y no venía sólo. Noté como una presión empujaba dentro de mi ano intentando salir. Mi primer pensamiento fue el de ponerme a cagar en cualquier rincón en plena calle, pero no estaba tan borracho como para hacerlo, así que decidí correr para llegar antes a casa, pero cada zancada hacía que lo que tenía en el interior hiciera más presión para salir, así que tuve que ir andando y apretando el culo como nunca antes lo había hecho. En los últimos metros antes de llegar a mi portal sentí que era incapaz de llegar seco a casa, pero a duras penas lo conseguí. Llegué inmediatamente a mi váter y cagué como nunca antes había cagado. Primero un chorro líquido y ardiente, luego una diarrea más espesa y placentera, y por último otra vez el dichoso líquido de satanás. Me quedé casi media hora allí sentado, jadeando y descansando del terrible esfuerzo que había hecho para llegar a casa con los calzoncillos limpios. Una vez recuperado, me fui a la cama con la mejor sensación que recuerdo de toda mi vida, pero no duraría mucho, no más de diez minutos pasaron cuando volví a sentir ese malestar en el bajo vientre. Yo ya estaba medio dormido pero esa sensación desagradable era más fuerte que mis ganas de dormir y me levanté raudo dirección al retrete. Cagué poco, muy poco, sólo un moco amarillento. No dolió ni escoció, pero me jodió mucho tener que levantarme para tan poca cosa. Volví a la cama con otra muy buena sensación. Y a los diez minutos, más de lo mismo; el mismo malestar, la misma urgencia, el mismo moco amarillento, la misma rabia. Volví a la cama pensando que ya era la última.
Pobre de mí. Diez minutos después volví a la carga, el mismo procedimiento. Estaba totalmente vacío por dentro, no sé que cojones quería mi cuerpo que hiciera en el váter, pero allí estaba yo mirando las baldosas.
Esta vez, al limpiarme el culo observé en el papel unas abundantes manchas rojas, y al levantarme vi en el fondo de váter ese moco amarillento mezclado con las mismas manchas. Había cagado sangre, sangre en abundancia, pero no me asusté. Me sentía muy bien, totalmente liberado. No me dolía nada, era totalmente feliz, el placer embargaba todo mi ser, así que tiré de la cadena y volví a la cama en donde ya sí dormí del tirón toda la noche.
Al día siguiente no cagué, y al siguiente lo hice con toda normalidad.

lunes 16 de febrero de 2009

Internet tiene la culpa

Cuando desapareció Marta del Castillo los medios de comunicación y muchísimas personas no tardaron en demonizar las redes sociales y chats como Messenger. Se creía que la niña, antes de desaparecer, había estado utilizando su ordenador para comunicarse con alguien. Luego resultó ser mentira, pero la idea de que por Internet sólo circulan pedófilos, asesinos, violadores y delincuentes varios siempre está presente. Cuando hace ochenta años, un señor le mandaba una carta a otro amenazándolo de muerte y luego le pasaba un cuchillo por el cuello, a nadie se le ocurría culpar al servicio de Correos. Cuando el año pasado un hombre llamó a su mujer, la insultó y la amenazó de muerte, y días después la asesinó clavándole repetidas veces una navaja, nadie culpó a Movistar. Cuando hace unos días se creía que Marta del Castillo habría podido quedar con su asesino por medio del Messenger, muchísima gente dijo que eso de Internet debería estar restringido y controlado, que era un nido asesinos y que era una amenaza pública.
Sólo se culpa al mensajero cuando este es Internet, supongo que porque es el último medio de comunicación en aparecer, utilizado mayoritariamente por jóvenes que utilizan en él el mucho tiempo de ocio que tienen. En cualquier caso Internet es el medio, que existan gilipollas que se dedican ha hacer el imbécil por la red es culpa de ellos mismos o de los padres que los criaron.

lunes 2 de febrero de 2009

Manifiesto contra las ególatras de discoteca y de despacho

Hoy quiero hacer un manifiesto masculino, quiero dar un toque de atención a esos seres provistos de polla que moverían cielo y tierra por un coño. No señores no.
Odio a las mujeres que usan su atractivo para conseguir otros fines que no sea el follar. Odio a las mujeres que se pavonean por los bares, intentando llamar la atención con el único fin de subirse el ego. Odio a los hombres que consciente o inconscientemente les siguen el juego, creyendo, pobres ilusos, que conseguirán follársela. No hijos mío no. El único fin es teneros a sus pies, manejaros cual títeres porque saben que mataríais por sus tetas. Imbéciles. Desde el principio de los tiempos la mujer maneja al hombre mediante un efectivo chantaje sexual. Ocurría hace cinco mil años en Mesopotamia y ocurre hoy en cualquier parte. Esas mujeres saben que su cuerpo es la perdición del hombre y que el hombre cachondo se vuelve estúpido, ergo la ecuación es simple.
Pues a mí no me sale de los cojones que nadie, tenga lo que tenga entre las piernas, me utilice o juegue conmigo. Yo no soy suyo, soy mío, y no voy a darle el gusto de mi admiración a cambio de nada. Se lo tiene que ganar, y para mí, enseñar carne en esas circunstancias no tiene ningún valor.
 
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